sábado, 21 de julio de 2007

LA NUBE NEGRA DE LIMA

Para quienes vemos salir el sol cada día es un verdadero choque conocer el cielo de Lima. Es del mismo color en todas partes: gris. No sé si sea mi falta de sutileza con el color, pero entre grises oscuros y grises más claros el cielo de lima es gris, desde que sale el sol hasta que se pone.
Como Lima fue la ciudad que nos recibió, me preguntaba si gran parte del Perú es así, o si es sólo esa ciudad; también pensaba si sería así todo el año o sólo en el invierno.
Verdaderamente no sé cómo sea esa última cuestión, pero en el transcurso del viaje descubrí que el cielo del resto del Perú es maravillosamente abundante en colores hermosos.
De regreso a Lima tuve una experiencia muy particular sobre su cielo. Volamos en Aerocondor desde Cusco, en un vuelo que se retrasó 3 horas. Afortunadamente tuvimos acceso a la ventana porque, o era porque el avión volaba muy bajo, o bien porque los Andes peruanos son demasiado altos, pero la verdad es que yo podía ir mirando todo el tiempo hacia abajo, apreciando el paisaje hermoso de la cordillera. No había nubes, ni nada que se entrometiera entre el paisaje y yo.
De repente veo una nube que se va formando como gris, e inmediatamente el auxiliar de vuelo comunica que nos estamos aproximando a Lima, que abrochemos nuestros cinturones. La nube que se estaba formando ya era una completa nube gris que no dejaba ver nada a través de la ventana. El avión empezó a inclinarse más evidentemente cada vez.... iba perdiendo altura notablemente, yo intentaba ver por la ventana, pero esa nube seguía ahí, firme como una pared. Yo me esforzaba por mirar, pensando que cuando estuvieramos más cerca del suelo iba a poder ver algo de la ciudad, y el avión mientras tanto seguía perdiendo altura..... de repente sentí que el avión se estrelló con algo... miré por la ventana y ví el aeropuerto, paralelo al avión: ya habíamos aterrizado.

Patricia no había conocido Lima porque llegó cuando nosotros ya estábamos en camino a Nazca y tuvo que llegar directamente allá. Sin embargo creo que ese último día en el aeropuerto le basto para conocer la característica principal de Lima: es gris.

Pero la historia no termina ahí. Esperamos unas cuantas horas en el aeropuerto, comiendo arroz chaufa y cuidando los backpacks. El avión de Avianca estuvo retrasado como 35 minutos por lo cual despegamos a la 6. En Lima el cielo parecía como si fuera muy tarde, no sé, las 7:30?. Se mezclaba el gris con el negro, o no sé si es que llevabamos mucho tiempo esperando, pero uno sentía que era tarde.
El caso es que nuevamente me tocó en la ventana. El avión anduvo hasta tener su posición, y obtuvo permiso de despegar. No pasaron más de 5 segundos cuando ya se habían perdido las luces del aeropuerto y de la ciudad. El avión se inclinó hacia arriba y empezó a abrirse camino a través de un bloque de nube que nos acompañó a los que miramos por la ventana durante algo así como 2 minutos, y como si hubiera penetrado el velo que separa el infierno del paraiso asomó su nariz al otro lado y nos permitió una imágen insólita.
A la derecha del avión se veía un infinito mar de algodón iluninado por un sol completamente anaranjado que sobresalía en un fondo azul, una de las imágenes más hermosas que he visto en mi vida..., pero a la izquierda del avión permanecía la noche que nos despidió de la húmeda Lima.
Estoy segura de que no fue una alucinación ni un momento entre la vida y la muerte porque Camilo y Patricia también lo vieron. Aunque los limeños probablemente nunca se imaginarían que en ese momento, sobre Lima, por encima de la nube... se escondía ese gran sol.

Ahora tengo una hipótesis científica wannabe e ignorante: Quizás Lima permanece con esa gran nube compacta encima todo el tiempo, debido a la gran humedad que padece.

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1 comentario:

Juan Sebastián Delvasto dijo...

Está muy buena el Blog, ya estoy cuadrando mis viajes para hacer algunos recorridos.